Y no quedó ni humo, ni sueños rotos, simplemente un te quiero sin final... Porque eso fue lo único real, las mascaras usadas en nada pueden cambiar lo verdadero, las risas simples, las caricias, los silencios que decían todo y escondían nada. Un amor enorme por una princesa que siempre llevaré conmigo, el amor por mi ángel, el amor por ese que conocí y que era simple, eso me lo llevo conmigo, por siempre, para siempre, conmigo y por más que se me quiera castigar (por orgullo), amor es sin muerte y está por encima de todo, de orgullos, rabia, venganzas. Mis recuerdos y afectos son incorrompibles, inamovibles, mios.
Recordé que hace un año en estás fechas estaba muy triste, me sentía vacía (vaciada), aturdida, pero hoy no, hoy tengo la paz de los que no obran mal, hoy tengo la paz de sentir, de entender y porqué no decirlo de perdonar. Porque si el ser humano se quedase con todo lo malo que le pasa dentro de el, simplemente todo eso lo pudriría y le quitaría las capacidades mínimas de ser, de vivir y de volver a sentir.
Y si hay algo que deba decir, diría:
si me ves volando por ahí no te asustes, decidiste caminar y ahora vives a la sombra de quienes volamos sin miedo...